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Masa de Pizza con Calabaza Asada y Aceite de Romero

Ingredientes:

Harina
1335 gr.
Harina 00 de fuerza (W260-320, mínimo 12% proteína)
Agua
695 gr.
Fría
Puré
175 gr.
De calabaza asada (frío, bien escurrido)
Sal
37 gr.
Levadura
5,5 gr.
Fresca de panadería
Aceite de oliva virgen extra
40 gr.
Romero
13 gr.
Fresco picado fino

Modo de preparación:

Para la Masa de Pizza con Calabaza Asada y Aceite de Romero infusiona el aceite con romero:
Calienta un chorrito del aceite de oliva virgen extra a fuego muy suave con el romero fresco picado fino durante 2-3 minutos, sin que llegue a freír. Solo para que suelte aroma.
Retira del fuego y deja enfriar por completo antes de usar. El aceite caliente sobre la masa mata parte de la levadura, así que la paciencia aquí no es opcional.

Prepara la calabaza:
Asegúrate de que el puré de calabaza asada (frío, bien escurrido) esté completamente frío (si lo acabas de asar, refrigéralo antes) y bien escurrido de líquido sobrante. El exceso de agua de la calabaza descuadra la hidratación de toda la masa.

Autolisis (reposo inicial sin amasar): En un bol grande, mezcla la harina 00 de fuerza (W260-320, mínimo 12% proteína) con el puré de calabaza y la mayor parte del agua fría (reserva un poco). Mezcla solo hasta que no queden restos secos de harina, sin amasar todavía. Tapa y deja reposar.

Por qué la autolisis importa:
Este reposo, que muchas recetas caseras se saltan, es lo que hace que el gluten se desarrolle solo, con menos amasado y menos esfuerzo, es el truco que usan los profesionales para masas de alta hidratación que no se rompen.

Amasa hasta el punto de ventana:
Disuelve la levadura fresca de panadería en el agua que habías reservado. Incorpórala a la masa junto con la sal fina y el aceite de romero ya frío. Amasa a mano o a máquina hasta obtener una masa lisa, elástica y que no se pegue. Debe pasar la ‘prueba de la ventana’, estira un trozo pequeño con los dedos y debe formar una lámina fina y translucida sin romperse.

Fermentación en bloque:
Forma una bola lisa, colócala en un bol aceitado, tapa y deja fermentar a temperatura ambiente.

Divide y bolea:
Divide la masa en 3 porciones iguales (≈280 gr. cada una) y bolea cada una con tensión superficial, sin romper la estructura interna. Colócalas en recipientes individuales tapados.

Fermentación fría (24-48h):
Refrigera las bolas mínimo 24 horas, idealmente 48, este es el paso que más marca la diferencia de sabor y digestibilidad entre una pizza casera y una de verdad. No lo acortes aunque tengas prisa.

Templa antes de estirar:
Saca las bolas de la nevera y déjalas atemperar a temperatura ambiente antes de estirarlas — una masa fría se rompe al estirar en vez de ceder.

Estira solo con las manos:
Sobre una superficie con sémola (nunca harina normal, que se quema a alta temperatura), estira cada bola solo con las yemas de los dedos, trabajando desde el centro hacia fuera y dejando el borde exterior intacto, sin tocarlo… ahí es donde se forma el cornicione nunca uses rodillo.

Hornea a máxima temperatura: Precalienta el horno al máximo con piedra o acero de hornear dentro, un mínimo de 45-60 minutos antes de hornear, la piedra necesita ese tiempo para acumular calor de verdad. Hornea cada pizza hasta que el cornicione esté dorado con puntos tostados y la base esté firme.

Notas Finales:

En horno común, precalienta al máximo, con tiempo de sobra
Pon el horno a su temperatura máxima (normalmente 250-300°C) con el acero o la piedra dentro, y precalienta un mínimo de 45-60 minutos — algunos días hasta 1 hora si tu horno es de los que pierden calor rápido al abrir la puerta. No es tiempo perdido: es el acero acumulando la energía que luego va a soltar de golpe sobre la masa.

Hornea en dos fases: horno normal y luego grill
Empieza con calor arriba y abajo normal unos 4-5 minutos, hasta que la base esté cuajada y empiece a dorar por debajo. Después, cambia al grill/gratinador a máxima potencia 1-2 minutos más, vigilando sin apartar la vista ni un segundo — con el grill se quema en cuestión de segundos, no de minutos.
Cuenta con 5-8 minutos totales, no 90 segundos.

Es la diferencia real entre un horno profesional a 480°C y uno doméstico a 280-300°C. No intentes acelerarlo bajando el tiempo a la fuerza: el resultado no va a ser idéntico al de un horno de leña, pero sí muy bueno si respetas estos tiempos con paciencia.
Si el resultado sigue sin convencerte, cambia de formato.
Como alternativa, la pizza al estilo romano en teglia (bandeja rectangular, masa más gruesa, horneada más tiempo a temperatura algo más baja) está pensada precisamente para hornos domésticos y perdona mucho mejor la falta de calor extremo que la napolitana fina. Con nuestra misma masa de calabaza y romero funcionaría igual de bien en ese formato.

Usa acero de hornear, no piedra, si puedes elegir
El acero conduce y retiene el calor mucho mejor que la piedra refractaria — en un horno doméstico que ya de por sí se queda corto de temperatura, esa diferencia se nota muchísimo en el color final de la base. Si solo tienes piedra, funciona igual, pero tardará más en compensar.